Actualizo a las doce del día uno del doce... Qué bonito, ¿No? Tan bonito, tan bonito como tú, como este último mes a tu lado. Y es que has conseguido que madrugue de lunes a viernes con una sonrisa, porque sé que a partir de ese momento sólo queda media hora para tenerte a menos de diez metros, o que haga todos, todos los deberes, para pasar esos cortitos treinta minutos contigo. Me gusta poder mirarte diferente, hablarte distinto... que te hayas convertido en lo que ahora significas para mí. Tantas veces lo había imaginado, y a la vez lo había visto tan lejos... Me acostumbré. Ni siquiera me dolía. En ocasiones, hasta desocupabas ese puesto de mi corazón. Pero eras tan perfecto. A veces convertir los sentimientos en secretos significa una importante resta de sufrimiento.
1 de Noviembre de 2008, Día de Todos los Santos. Y tanto que de todos, porque con la ayuda de uno solo no hubiera alcanzado la felicidad tan rápido. La ilusión, la complicidad, los deseos... todo ha sido expulsado poco a poco durante esta perfecta treintena.
¿Sabes? A esto ya si que no tuve que acostumbrarme...
Me defiendo en la prosa, pero en cambio me supondría más de una hora y más de dos escribir un folio repleto de versos. ¿Y qué? Lo que TE QUIERO no cabe en un tronco de árbol tecnificado y transformado infinitamente hasta conseguir ese blanco inmaculado y una estrechura inferior a medio milímetro, aunque después de la definición que le he otorgado parezca que sí.
Imagino que me dejo muchas cosas por decirte, pero prefiero pensar que tengo todo el tiempo del mundo para descubrírtelas entre caricias, abrazos y numerosos, aplastantes, inesperados, largos, agobiantes, profundos, innumerables y preciosos besos.
Gracias por estes mes-regalo. Te quiero.